Cristina C. – Operaciones

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– ¿De dónde eres? ¿Cuánto tiempo hace desde que te trasladaste a Sevilla?

Soy de Madrid, concretamente de Alcalá de Henares, una ciudad muy atractiva, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, con mucha vida, ciudad universitaria, donde me he criado, donde he estudiado y donde vive mi familia.

Cuando terminé mi carrera de Historia decidí venir a Sevilla con una amiga de la universidad para seguir estudiando y además disfrutar del ritmo de vida y de las costumbres andaluzas y en este caso sevillanas. Nos vinimos las dos en octubre del 2003 y comenzamos nuestros estudios de Gestión de Patrimonio Histórico. Al principio me centré solo en los estudios pero con el tiempo los ahorros se acabaron y era necesario buscar un trabajo.

En ese momento de mi vida tomé la decisión de volver a mi casa porque no encontraba un trabajo adecuado que pudiera compaginar con los estudios y me diera una seguridad de ser un trabajo estable. En verano de 2005 regresé a Madrid y en septiembre ya estaba trabajando, después de un año allí, de visitas continuas a Sevilla para ver a mis amig@s y terminar las asignaturas pendientes y de ahorro, regresé de nuevo a Sevilla y aquí sigo.

Mi padre me preguntó: ¿pero para qué te vas otra vez? Mi respuesta fue que tenía que terminar lo que había empezado, ya que en su momento me adentré en la aventura de marcharme de casa para seguir estudiando pues que menos que terminar la carrera que había empezado. Aún hoy me queda una asignatura (Filosofía contemporánea), que es uno de mis propósitos para este año, aprobarla por fin.

– ¿Qué te llamó la atención sobre Balumba y qué te motivó a integrarte en nuestra compañía?

A mi vuelta, sin yo saberlo, me esperaba Balumba, antes estuve trabajando en otro sitio pero duró poco, y como el dinero siempre es necesario seguí buscando trabajo y apareció Balumba en mi camino.

Mi intención primera era trabajar unos meses, mientras terminase las asignaturas que me quedaban y volver a mi casa pero… nunca se sabe lo que va a pasar, al centrarte en un trabajo mas estable se dejan de lado los estudios, algo que no debemos permitir pero te acostumbras a la vida diaria de trabajar, salir a tomar algo con los amigos, viajar…

He de confesar que al principio la idea de vender seguros por teléfono no me llamaba nada la atención pero poco a poco el ambiente, los compañeros… y el poder superarme a mi misma me fue enganchando. También ver como crece una nueva empresa me llamaba la atención y más el saber que formas parte de ello.

Mi vida personal también cambió y ahora puedo decir que muchos de mis amigos son mis compañeros de trabajo y se han convertido también en parte de mi familia aquí.

- ¿Qué es lo que más te gusta de Sevilla y lo que más echas de menos de tu ciudad?

Me gusta el ambiente que tiene, que siempre hay algo que hacer y alguien con quién puedes contar, el clima, lo cerca que está del mar. La ciudad de noche iluminada, las ciudades monumentales me encantan de noche. Y de mi ciudad echo de menos, casi lo mismo y además a mi familia por supuesto. Es que en el fondo son ciudades muy parecidas, aunque aquí hay otras muchas costumbres.

Me encanta el ambiente en verano, cuando ya llega el buen tiempo, y empiezan las terracitas en el río y el irte de tapitas, el pescaito y sobre todo la cercanía de la gente.

- ¿Tienes alguna anécdota divertida sobre tu integración (o falta de la misma) con la ciudad o con l@s sevillan@s?

De los primeros meses muchas, porque alquilamos un piso mi amiga y yo y como compañeros teníamos a dos chicos sevillanos, uno de Estepa y el otro de Badolatosa (un pueblo de unos 3000 habitantes). Imaginaos las situaciones que se nos dieron con estos niños, todas divertidas pero que en muchas ocasiones llevaron a malentendidos, porque uno de mis compañeros pensaba que yo estaba sorda, cada vez que contaba algo porque le hacía repetirlo varias veces, pero realmente lo que pasaba es que no le entendía lo que decía.

Después con los compis de universidad, lo típico las confusiones cuando se refieren a un “chaleco” como cualquier prenda tipo camiseta, jersey… que nosotros no entendíamos que las chicas estuvieran todo el tiempo comprándose chalecos.

También hubo muchas situaciones divertidas con la comida y sus términos, algo que recuerdo siempre en una excursión que hicimos por Andalucía, en el autobús llevábamos cacahuetes pelados (panchitos como se llaman en Madrid) y mis compañeros lo llamaban avellanas, entonces yo les pregunté que cómo llamaban a las avellanas y me respondieron que avellanas americanas. Realmente es que llamaban avellanas a cualquier fruto seco.

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